El cuaderno de los quince minutos
Hay una libreta pequeña que vive al lado del teléfono cuando pruebo juegos en un móvil de gama media. Tiene dos columnas: la hora y el porcentaje de batería. Nada más. Ni puntuación, ni veredicto.
Me costó meses entender que ese era todo el método. Antes terminaba una sesión, miraba el teléfono y escribía cosas como «va bien durante una hora». Esa frase casi siempre es falsa: una hora contiene minutos, y en los minutos está lo interesante.
Lo que muestra la libreta se repite casi sin variación. A los diez minutos no ha pasado nada. A los quince, la parte de atrás se nota caliente. A los veinte, el ritmo de los fotogramas empieza a fallar de una forma que ninguna media te va a enseñar, porque la media incluye la parte buena.
La columna de la batería cuenta lo mismo desde otro lado. Un punto cada ocho minutos es normal para los juegos que uso. Un punto cada cuatro minutos en la segunda mitad no lo es, y casi nunca es el procesador: es la pantalla a brillo máximo, o una aplicación que se despierta por detrás.
Lo que me gusta es que el método es aburrido. No depende del humor ni del tiempo que haga. Sirve un cronómetro y una hoja. Las notas largas las guardo en mi blog de juegos.